La iluminación es imprescindible para poder disfrutar del jardín una vez se ha puesto el sol. Por ello, un buen alumbrado es aquel que consigue un equilibrio entre la estética y la funcionalidad. Así, alumbrar adecuadamente los accesos, los caminos y los espacios destinados a sentarse y a hacer uso se convierte en una tarea tan importante como realzar un árbol en concreto, jugar con las sombras o destacar los relieves del jardín. En este aspecto, la elección de los colores, la intensidad de la luz, y si es natural o artificial jugará un papel también muy destacado. La iluminación exterior, además, debe obedecer a estrictas reglas de seguridad y debe tener un índice de protección (IP) que apruebe las instalaciones permanentes en lugares húmedos.